En el principio fue la obscuridad, una densa e ilimitada negrura que enelasaba todos mis sentimientos…., nadie existía y la obscuridad palpitaba en el primer suspiro, no existía el dolor ni las lagrimas no existía el principio ni el fin, únicamente las profundidades internas enlazadas unidas a la negrura de las profundidades externas , no existían limites
He aquí el comienzo del primer misterio
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la llave a esta dimensión no existía pero ese mundo también apareció por otro ser si ese eras tu
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mientras en los siete vértices del sufrimiento mi corazón se calcinaba en el fuego de las estrellas , tanto miedo de darse cuenta que podías ser especial en mi vida que eras el complemento que no había podido descubrir en tanto tiempo que en el momento en el que tu llegaste a él se convirtió en un paraíso lleno de magia ….
La miseria llamada ida transcurría y todo seguía igual pues el AMOR lo abarcaba todo a pesar de tu belleza y sinceridad el dolor no podía ser borrado y era llamado momento de
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En ese momento sólo escuchaba los latidos de mi corazón que cada segundo se hacían más y más intensos y en el espejo miraba el reflejo de tus pupilas quizá pienses que era una complejidad pero me di cuenta que me robaste el corazón y te comenzaba AMAR solo existía tu mirada …, el tiempo transcurría y los relojes pararon en ese momento pero tu no imaginabas cuanto te quería ………
TE AMO, Oscar Iván Hernádez Pérez
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Carta enviada por NORMA IVONNE GARCIA MONTEJANO
Para IVAN HERNADEZ PEREZ – ESTADO DE MEXICO
EL VERDADERO AMOR
Salí de la obscuridad y llegué a la luz; porque yo escogí que así fuera, dejé el llanto y la tristeza de mi alma
y ahora confío en el hombre que me hace feliz Y ese eres tú: IVAN HERNANDEZ PEREZ
y si tu, amiga, me preguntas si soy feliz?
Te responderé!!!
Inmensamente feliz!
Pues a mi lado está el hombre al que amo y me ama.
Por que él y yo vivimos solamente por este amor que es tan bonito y profundo.
Con un beso de amor, y el cielo que es nuestro refugio.
Este amor que siento por ti está grabado muy dentro de mi pecho
donde nadie pueda hacerme daño ni contamine este sentimiento.
Este amor que sentimos el uno por el otro es tan claro, tan puro como el cristal.
y sabes por que?: Porque brota del alma!
TE AMO MI VIDA
Contigo he conocido el verdadero amor. Yo soy tuya y jamás te dejaré ir.
Pues tengo la esperanza de ser la mujer de tu vida y la que marque la diferencia en ella.
Te ama: NORMA IVONNE GARCIA MONTEJANO
En mi anterior te dije que la poesía eres tú, porque tú eres la más bella personificación del sentimiento, y el verdadero espíritu de la poesía no es otro.
A propósito de esto, la palabra amor se deslizó de mi pluma en uno de los párrafos de mi carta.
De aquel párrafo hice el último. Nada más natural.
Voy a decirte el porqué.
Existe una preocupación bastante generalizada, aun entre las personas que se dedican a dar formas a lo que piensan, que a mi modo de ver es, sin parecerlo, una de las mayores.
Si hemos de dar crédito a los que de ella participan, es una verdad tan innegable que se puede elevar a la categoría de axioma, el que nunca se vierte la idea con tanta vida y precisión, como en el momento en que ésta se levanta semejante a un gas desprendido, y enardece la fantasía y hace vibrar todas las fibras sensibles, cual si las tocase una chispa eléctrica.
Yo no niego que suceda así. Yo no niego nada, pero por lo que a mí toca, puedo asegurarte que cuando siento no escribo. Guardo, sí, en mi cerebro escritas, como en un libro misterioso, las impresiones que han dejado en él su huella al pasar; estas ligeras y ardientes, hijas de la sensación, duermen allí agrupadas en el fondo de mi memoria, hasta el instante en que, puro, tranquilo, sereno, y revestido, por decirlo así, de un poder sobrenatural, mi espíritu las evoca, y tienden sus alas trasparentes que bullen con un zumbido extraño, y cruzan otra vez a mis ojos como en una visión luminosa y magnífica.
Entonces no siento ya con los nervios que se agitan, con el pecho que se oprime, con la parte orgánica y material que se conmueve al rudo choque de las sensaciones producidas por la pasión y los afectos; siento, sí, pero de una manera que puede llamarse artificial; escribo, como el que copia de una página ya escrita; dibujo, como el pintor que reproduce el paisaje, que se dilata ante sus ojos y se pierde entre la bruma de los horizontes.
Todo el mundo siente.
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En una ocasión me preguntaste: ¿Qué es la poesía?
¿Te acuerdas?
No sé a qué propósito había yo hablado algunos momentos antes de mi pasión por ella.
¿Qué es la poesía? me dijiste; y yo, que no soy muy fuerte en esto de las definiciones, te respondí titubeando: la poesía es… es… y sin concluir la frase buscaba inútilmente en mi memoria un término de comparación, que no acertaba a encontrar.
Tú habías adelantado un poco la cabeza para escuchar mejor mis palabras; los negros rizos de tus cabellos, esos cabellos que tan bien sabes dejar a su antojo, sombrear tu frente con un abandono tan artístico, pendían de tu sien y bajaban rozando tu mejilla hasta descansar en tu seno; en tus pupilas, húmedas y azules como el cielo de la noche, brillaba un punto de luz, y tus labios se entreabrían ligeramente al impulso de una respiración perfumada y suave.
Mis ojos que, a efecto sin duda de la turbación que experimentaba, habían errado un instante sin fijarse en ningún sitio, se volvieron entonces instintivamente hacia los tuyos, y exclamé al fin: ¡la poesía… la poesía eres tú!
¿Te acuerdas?
Yo aún tengo presente el gracioso ceño de curiosidad burlada, el acento mezclado de pasión y amargura con que me dijiste: ¿Crees que mi pregunta sólo es hija de una vana curiosidad de mujer? Te equivocas. Yo deseo saber lo que es la poesía, porque deseo pensar lo que tú piensas, hablar de lo que tú hablas, sentir con lo que tú sientes, penetrar por último en ese misterioso santuario en donde a veces se refugia tu alma, y cuyo dintel no puede traspasar la mía.
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